Vuelven a sellar pasaporte a los viajeros


En la Oficina de Migración y Zonas Fronterizas, ubicada en San Antonio del Táchira,  este lunes  volvieron a sellar  pasaporte a  viajeros venezolanos o turistas extranjeros que se disponían a abandonar el territorio  nacional rumbo hacia  Colombia,  mientras que para ingresar solamente se estampaba  el sello a venezolanos.

Desde el  jueves en la noche de la semana  pasada, el servicio de Migración no había sellado la salida  prácticamente a ningún  viajero. Sin embargo, este  lunes  los funcionarios sí estaban sellando el pasaporte  a ciudadanos venezolanos que  tenían  boleto  para viajar por  Cúcuta,  así como también a aquellos  turistas extranjeros que se encontraban  en Venezuela  y se disponían a abandonar el  país.

Luego de sellar el pasaporte en la oficina de Migración,  los viajeros  venezolanos o extranjeros se dirigían  hasta  la avenida Venezuela,  una cuadra antes de la Aduana Principal, donde los  militares  de la Guardia  los ordenaban en fila  para  lentamente  y en pequeños grupos  trasladarlos hasta la mitad del  puente internacional Simón Bolívar  y permitirles el paso hacia Colombia.  A través de ese corredor, igualmente se permite el paso a los pacientes  que con el respectivo  informe  médico en mano,  manifiestan que requieren  tratamiento o consulta médica  en Colombia.  También se facilita el paso a los estudiantes  venezolanos que  cursan estudios en universidades del vecino  país.

Para entrar a Venezuela,   por el puente internacional Simón Bolívar  las autoridades militares y de migración únicamente  permiten el paso a ciudadanos venezolanos.  Por otra parte, se conoció que las autoridades  cesaron los procedimientos de  deportación de ciudadanos colombianos que se encontraban de  manera  irregular en  territorio nacional  y están permitiendo que abandonen voluntariamente  el suelo venezolano.

Comercio de San Antonio se mantiene abierto aunque con poca clientela y bajos inventarios


Los establecimientos comerciales  y de servicios de San Antonio del Táchira,  en su mayoría,  abrieron con normalidad este lunes, tras doce días del cierre de fronteras, aunque en el casco comercial se sigue  observando  baja afluencia de compradores  y  algunos negocios como el de las panaderías  comienzan a quedarse  sin harina de trigo para la elaboración del pan porque no han sido repuestos de esta materia prima.

Sólo en los contados supermercados  o abastos que ofrecen algún producto de la cesta básica,  limpieza o aseo personal,  se  siguen apreciando  colas de gente ansiosa por comprar,  pero en el  resto del comercio  las ventas  son  bajas. “Estamos abriendo  pero pasamos días  sin  vender nada,  porque  es poca la clientela  que llega al  estar el puente cerrado”,   manifestó  un comerciante del ramo de electrodomésticos .

A diferencia de los días  recientes  al cierre de la frontera y la declaratoria del estado de excepción  por parte del   Gobierno venezolano cuando casi  todo el comercio estuvo cerrado, en San Antonio la mayoría de establecimientos  comerciales,   tiendas y  talleres que prestan servicio para el mantenimiento y reparación de vehículos,  han abierto  sus puertas,  sin  embargo, es baja  la clientela.  La zona  más desolada  sigue  siendo  el tramo de la avenida Venezuela,  desde   el tramo de la redoma del Cementerio  hasta la Aduana Principal de San Antonio, que  a su vez conduce hacia el puente  internacional Simón Bolívar.

Los establecimientos siguen abriendo  pero es bajo el movimiento de compradores.  La mayoría de  personas que  por allí  transita  se  dirige  hacia la  aduana, con  la intención de pasar  hacia Colombia y  por lo general se trata de viajeros o  ciudadanos  que por razones de  salud  o estudio,   requieren  ingresar a  territorio colombiano.

En el área  comercial,  este  lunes se conoció que además de la escasez de productos esenciales de la cesta  básica,  las panaderías de San Antonio se están quedando  sin la materia prima  esencial  que es la harina de trigo, y  por consiguiente comienza  a faltar el pan.  Al parecer,   los entes gubernamentales  bloquearon el código a las  personas que se encargaban de distribuir la harina de trigo para las  poblaciones fronterizas,   la poca harina que tenían las  panaderías se ha agotado y no hay manera de reponer  dicho  inventarios.

En anteriores  ocasiones  cuando ha escaseado la  harina de trigo venezolano,  los panaderos  han  fabricado el pan con materia  prima colombiana,  sin embargo,  con el cierre del paso por los puentes  internacionales y los operativos de control que  la Fanb mantiene en las trochas del río Táchira,  no  hay  manera de que dicho producto  llegue a las panaderías de San Antonio y Ureña. 

“Jamás pensé dejar Venezuela”


Una pareja espera frente a locales comerciales cerrados en las inmediaciones de la Aduana Principal en San Antonio del Táchira.

La tragedia, que suele esparcirse en numerosas direcciones, no traga de una sola fuente. Al mismo tiempo que miles de colombianos retornan desde Venezuela, con la nevera terciada al hombro y el comedor atravesado en la vera del río, el exilio contrario se sucede de manera sibilina: venezolanos que llegan a Colombia porque ven un futuro ciego en su país. En parte porque los roban al ir al cine o al llegar a la portería de su edificio, y en parte porque el miedo tiene formas demasiado palpables, como la de un militar derrumbando a patadas la puerta de una casa para buscar a un delincuente, numerosos venezolanos han venido a dar a Colombia desde comienzos del gobierno de Chávez. Para 2005, según apunta la OIM en su Perfil Migratorio de Colombia (2012, el más reciente), 50.033 venezolanos vivían en Colombia. En los últimos años, ese guarismo se ha robustecido por la escasez de productos básicos, la inseguridad y la falta de correspondencia entre el trabajo que hay que hacer cada día y los productos que pueden obtenerse a cambio de ese trabajo.

Octavio Sasso —periodista, 36 años— lleva dos meses en Bogotá, y sabe que en Caracas y en el resto de Venezuela quedan pocos de su círculos cercano. Han emigrado, como él, con argumentos muy similares, a Estados Unidos y Panamá. “Me vengo justo ahora a vivir —dice, con tono alto— porque toda la situación, más allá de lo que vemos, es inmanejable. Ni el dinero ni la situación me dejaban vivir. Con toda mi familia, decidimos salir”. Sasso compró dos tiquetes (para él y para su novia) de Caracas hacia Maracaibo. Los precios de los tiquetes internacionales, en Venezuela, están demasiado elevados y resulta más barato partir las rutas. Desde Maracaibo, en un vuelo insólito, volaron hasta Medellín y desde allí a Bogotá. Otros muchos, antes de que cerrara la frontera, hacían una ruta menos amable: en bus desde Maracaibo o Caracas hasta San Antonio del Táchira. Seguía Cúcuta y seguía Bogotá. A pesar de la aparente ventaja de tomar un vuelo, Sasso y su novia demoraron dos días en llegar a Bogotá. Un vuelo directo tomaría una hora y cincuenta minutos.

“Confieso que jamás pensé dejar Venezuela —dice Sasso—. Pensé que íbamos a soportarlo más allá del tema político. No soy radical en ningún sentido. Al ver que no pasaba nada, me cuestioné: de qué me valía tener trabajo si no iba a poder disfrutarlo”. Un reporte de El País de España, de octubre del año pasado, recuerda que por entonces uno de cada diez venezolanos tramitaban su salida del país o ya estaban fuera. Más de 200.000 aterrizaron en EE.UU.. El perfil general del migrante resulta singular: 90% de ellos tiene grado universitario y 40% ha hecho una maestría. Su experiencia ha resultado útil, por ejemplo, en Ecuador: los programas de subsidio a grupos de investigación y su impulso a la infraestructura han llamado a ingenieros y humanistas.

Ramón Martínez —fotógrafo— cumple cinco meses en Bogotá este mes. “Salí porque siento falta de futuro, una carencia que ha llegado poco a poco. Es saber que, así trabajes, siempre vas a estar mal, no vas a poder vivir, y tienes miedo de ir al cine porque te roban. Uno aquí (en Colombia) está joven todavía. Mis padres, que están en Barquisimeto, tratan de no decirme nada para no preocuparme”. Martínez escogió entre Colombia y México, y recordó que aquí tenía algunos conocidos que podrían darle una mano. Se vino con siete maletas, con 130 kilos de sobrepeso en la bodega. En su apartamento tiene una mesa, un par de sillas y una cama. “A veces uno no se siente todavía instalado —dice—. Te sientes bien porque sabes que puede haber futuro: veo a Bogotá como un trampolín. Puedes hacer dinero y de repente te vas a otros lados. Un venezolano sabe que se tiene que ir. El punto es definir a dónde”.
Tomado de El Espectador

Gobierno venezolano otorga permisos especiales de paso a Colombia por estudios o salud

Equipo almendrino en el VIII Modelo de las Naciones Unidas de San José de Cúcuta


Este fue el equipo del  Gimnasio Los Almendros de Villa del Rosario que participó en el  VIII Modelo de las Naciones Unidas de San José de Cúcuta organizado por el Colegio Calasanz y  que se desarrolló en el Hotel Casa Blanca.

En el Modelo de Naciones Unidas, los estudiantes  representan a los diplomáticos de los diferentes países miembro debiendo capacitarse en temas inherentes a su cultura, política interior y exterior, economía y sociedad para debatir y resolver temas de tratamiento real en los órganos y comités de la ONU. Por todo ello un Modelo es un evento educativo y cultural de primer nivel que además de favorecer el crecimiento y la capacitación académica de los estudiantes facilita el desarrollo de habilidades, como la oratoria, retórica y negociación, que son útiles para la vida personal y profesional de quienes hayan participado.

Festival de cometas en el ITA Juan Frío


Los miembros de la comunidad educativa del Instituto Técnico Agropecuario Juan Frío de Villa del Rosario, aprovechando los últimos vientos del mes de agosto, el grado once organizó el “Festival de cometas”. Grandes y pequeños pasaron momentos de alegría, solidaridad y liderazgo.

Se observaron en la cancha de fútbol  y en el cielo, sobre los techos del colegio, cometas de todos los colores, figuras y tamaños, con pitas largas y cortas, colas pesadas, livianas y aún sin cola; pequeños con el rollo de pita en la mano y en el otro extremo, un compañerito sosteniendo, con fuerza, la cometa como si quisiera remontar el cielo con esta. 

Así luce la Avenida Venezuela en San Antonio del Táchira con la frontera cerrada


El contrabando en el frontera no termina

Ciclo de Woody Allen en Cine Club La Casa del Museo Francisco De Paula Santander


Ciclo de Woody Allen
Cine Club La Casa del Museo Francisco De Paula Santander,
Jueves 03 Septiembre
HORA: 07:00 pm. 
ENTRADA GRATUITA

Vielma Mora: "Sabemos que los colombianos son felices en nuestra tierra"

Se evaluarán casos de colombianos a quienes se les pueda dar nacionalidad Venezolana

Una verdad a medias


Por: Joaquin Robes*
Si vamos a poner los puntos sobre las íes, es recomendable ponérselos a todas. El debate está abierto. Y la expulsión en las dos últimas semanas de cientos de colombianos pobres del territorio venezolano le ha pintado otra raya en el cuerpo de ese tigre histórico de las diferencias políticas entre los dos países.

Dudo mucho que el problema haya empezado con la llegada al poder de Hugo Chávez, pero sí creo que este profundizó, hasta donde pudo, estas diferencias. No hay que olvidar que el teniente coronel tenía tanto de demócrata como Álvaro Uribe tiene de liberal. Antes de Chávez, estuvo en la Presidencia del vecino país Rafael Caldera en dos oportunidades, y antes de Caldera, Carlos Andrés Pérez gobernó también dos veces la patria de Bolívar. Estos dos señores, no nos engañemos, no fueron menos corruptos que los funcionarios chavistas. Lo que pasa es que mientras el Alí Babá de Pérez y los 40 ladrones que dirigió Caldera robaban de costadito, los chavistas lo han hecho de frente y han convertido el vecino país, como lo dejó ver un informe de Transparencia Internacional de 2013, en la segunda nación del hemisferio más corrupta, después de Haití.

Negar esto es como afirmar que en las fronteras entre las dos naciones no hacen presencia las fuerzas irregulares de las FARC y el ELN, así como las llamadas bacrimes, los ejércitos incontrolables de narcotraficantes y otro ejército menos mediático pero igualmente peligroso como es la delincuencia común. No vamos a negar que de este lado de la frontera, la corrupción de funcionarios es el plato de todos los días. Que los niveles de criminalidad en Cúcuta sean altísimos (una muerte violenta cada 17 horas, para un promedio de 25 mensuales) dice mucho de lo que está pasando en esa línea fronteriza.

El contrabando de gasolina, una de las recriminaciones que ha hecho el presidente Maduro, así como el de productos de primera necesidad, no se daría si no hubiera, por parte de los encargados de vigilar los 2.219 kilómetros, una negligencia perenne o un acuerdo tácito entre estos y la delincuencia. No olvidemos que en los estados fronterizos de Zulia, Táchira, Apure y Amazonas hacen presencia en conjunto las FARC, el ELN y los hermanos Úsuga, un trípode delincuencial que le ha costado al Estado colombiano varios miles de millones de dólares y un número incontable de vidas.

Que no nos vengan a decir ahora que los señores que sacan por las trochas sus bombonas de gasolina lo hacen sólo engañando a la Guardia Nacional de Venezuela. Que las guerrillas que hacen presencia en esos territorios no se benefician económicamente con ese tráfico ilegal de productos de todo tipo que, en efecto, terminan en los estantes de las tiendas, almacenes y estaciones de gasolinas de este lado de la frontera.

Decir que la culpa es sólo de los grupos paramilitares, como lo han hecho en repetidas ocasiones el presidente Maduro y algunos defensores a ultranza del chavismo en Colombia, es una verdad a medias. Es, de alguna manera, la misma conclusión del uribismo con respecto a que todos los males que sufre el país tienen que ver con las guerrillas.

No olvidemos que allí se mueve también el negocio de la cocaína. El 50 % de la droga que sale de Colombia pasa necesariamente por Venezuela. No es un lugar común recordar entonces que la delincuencia organizada tiene una razón poderosa para defender, sin importar las vidas que tenga que sacrificar, el rentable negocio de los alucinógenos. Y en ese juego perverso entran, sin temor a equivocación, las autoridades de un lado como del otro. Siempre se ha dicho que el pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla hasta el infinito. Y en las décadas de los 70 y 80, recordemos, la lucha de los clanes mafiosos, que direccionaron la famosa bonanza marimbera, dejaron también una larga lista de cadáveres y de gente que se internó a trabajar en las fincas y nunca regresó.

Los detalles de estos hechos que hoy se han convertido sólo en anécdotas pasaron en muchos casos inadvertidos porque el bolívar era por entonces una moneda fuerte en relación con el dólar, el petróleo mantenía boyante la economía del país bolivariano y los colombianos pobres que se estaban muriendo de hambre porque el Estado nunca les tendía una mano, pasaban al otro lado a trabajar de lo que fuera. Muchos militares y policías de la época terminaron siendo hombres ricos y poderosos, con propiedades avaluadas en cientos de miles de dólares. Algunos se retiraron muy jóvenes de las instituciones armadas y montaron prósperos negocios que hoy se han integrado legalmente a la economía del país. Esto quizás explique por qué algunos miembros retirados de las Fuerzas Armadas sean propietarios de grandes hoteles en Cartagena, Santa Marta y Barranquilla. Esto quizás explique también por qué el presidente de la Asamblea Nacional Venezolana, Diosdado Cabello, un coronel “revolucionario”, es hoy, según varias notas publicadas por los prestigiosos diarios estadounidenses The Washington Post, The New York Times, El Nuevo Herald y El País de España, uno de los hombres más ricos de Venezuela.

De manera que para definir o intentar darle claridad a la problemática que sacude esa región tan dinámica y conflictiva como es la frontera colombo-venezolana, hay que recurrir, necesariamente, a la larga historia social de las dos naciones. Quienes aseguran sin vacilar que el gobierno del vecino país ha levantado simplemente “una cortina de humo” para distraer la atención de sus ciudadanos de la crisis económica que atraviesa, dicen también una verdad a medias, o, si se quiere, una mentira con medias verdades. Es cierto que la crisis puede llevar al gobierno chavista a la debacle, pero eso no borra el hecho de que la pobreza en la frontera es extrema y la gente tiene que hacer algo para alimentarse, así sea contrabandear gasolina y pagarles impuestos a los delincuentes que imponen su autoridad con las armas.

En Twitter: @joarza
E-mail: robleszabala@gmail.com
*Docente universitario

Tomado de Semana 

Los intereses económicos entre Venezuela y Colombia

Contrabando no se resuelve deportando gente humilde': Colombia en OEA


Andrés González, embajador de Colombia ante el organismo, exigió respeto por parte de Venezuela.

En una sesión de la Organización de Estados Americanos (OEA) en Washington, el representante por Colombia ante ese organismo, Andrés González, denunció con tono enérgico los atropellos que los colombianos deportados por Venezuela han sufrido a raíz de la crisis fronteriza.

González afirmó que las medidas tomadas por el presidente Nicolás Maduro de sacar de sus casas “a los habitantes, a las familias, y marcar las casas para luego derribarlas, son episodios que no contribuyen, no pueden repetirse y menos en el nuevo mundo de la democracia y de los derechos humanos”.

“La confrontación solo sirve a intereses políticos y no conduce a una decisión satisfactoria”, agregó González en la reunión de organismo continental.

Agregó que si bien es propio de cada nación tener políticas de inmigración, esas deben obedecer a estándares internacionales y que se ajusten al derecho.

González calificó la situación de “inaceptable” y el “clamor es para que se garantice el debido proceso y el principio fundamental de convivencia y civilización”.

El funcionaria exigió además respeto por los colombianos, respeto por su dignidad. E hizo un llamado para que el organismo internacional le ayude a Colombia y a Venezuela a "encontrar caminos" para superar la crisis fronteriza.

"La D (letra con la que la Guardia Bolivariana de Venezuela marcó las casas para ser derribadas) Para nosotros los colombianos es (en este momento) desolación, desconcierto, desesperanza, desilusión, demolición. No puede extenderse una situación de esta índole en nuestro continente (...) Pero también es diálogo y diplomacia", afirmó González.

En medio de su intervención, González rodó un video en el que colombianos denunciaban su situación, al haber sido expulsados de Venezuela apenas logrando llevarse consigo pocas pertenencias y dejando atrás sus casas derribadas.

“Hemos de reiterar hasta el último rincón de nuestra América que es nuestra obligación garantizar los derechos fundamentales de colombianos”, señaló González.

Finalmente dijo que el presidente Juan Manuel Santos y la canciller María Ángela Holguín “confían en la solidaridad de todos ustedes (países miembros del OEA)” y que se necesitan alternativas ante la difícil situación.

Primeras ofertas laborales para deportados


La Asociación Nacional de Cafeteros ha ofertado 200 vacantes como opción de empleo para la población deportada de Venezuela. Así lo anunció el viceministro de Empleo y Pensiones, Luis Ernesto Gómez, al gobernador Edgar Díaz Contreras, en la reunión sostenida por ambos en la Gobernación.

“El presidente de la República, Juan Manuel Santos, y el ministro de Trabajo, Luis Eduardo Garzón, anunciaron 2.300 empleos para los centenares de colombianos deportados y retornados del vecino país. Por eso, estoy haciendo una supervisión directa de dónde, cómo y cuándo se están generando esos empleos y en qué empresas, para lograr que esto sea a la menor brevedad posible”, afirmó el Viceministro.

El Funcionario indicó que el Departamento para la Prosperidad Social, Ministerio de Trabajo, del Interior, la Unidad del Servicio de Empleo y el Sena, están trabajando para concretar las ofertas. En esto, señaló “la Gobernación ha jugado un rol determinante, ha propuesto actividades para el enganche laboral de los connacionales”.